Semana 10. Esperando la revisión en dorsiflexión.
11/01/2016
Al fin han terminado las fiestas, este año sin
salida montañera y viviéndolas de forma muy tradicional. Comidas familiares,
salidas a centros comerciales, compras… Pero bueno, hemos sobrevivido, y hemos
disfrutado, que es lo importante.
Esta semana no hay cambio en la bota, así que
hasta el martes, que iré a consulta, sigo igual. El ángulo negativo, la
dorsiflexión, hace que mantener el equilibrio cuando estoy en pie sea más
complicado, me da la sensación de estar más que nunca sobre zancos, no puedo
quedarme quieto y si no tengo ningún punto de apoyo tengo que estar moviéndome
a un lado y otro. Igualmente, si no camino, me acaban doliendo los talones por
la parte de abajo, pues al fin y al cabo es la parte que estoy apoyando en el
suelo. Para estar cómodo y tener el pie más o menos de forma estable, tengo que
flexionar un poco las piernas, en posición de “esquiador”, pues si mantengo la
pierna en ángulo recto respecto al suelo el pie me queda “levantado” de los
dedos y no tengo equilibrio alguno. Este ángulo de la bota es más incómodo pero
noto, sobre todo cuando me las pongo por la mañana, recién levantado, que me
tira de los tendones así que espero que al menos se vayan estirando. Me cuesta
un poco ponérmelas en su sitio, así que caliento un poco y estiro, y después de
desayunar me las vuelvo a ajustar y es entonces cuando ya noto que las puedo
poner en su posición.
Continúo moviendo los pies, arriba y abajo sin
forzar, no he notado mucha diferencia, aunque ya el aspecto es mucho más normal.
La cicatriz no tiene mala pinta, me pica un poco y noto que el tendón está
bastante duro debajo. Supongo que será lo primero que trabaje en la
rehabilitación.
Los tobillos me duelen menos, parece que me voy
acostumbrando al movimiento y a mi
propio peso, que, por cierto, espero no haya aumentado mucho debido al reposo y
a la temporada navideña. He vuelto a salir de paseo, bajé a por el pan de
nuevo, esta vez no había sol, la boina se ha instalado y la humedad y la lluvia
están rondando toda la semana. Caminé a buen ritmo, pero sin prisas,
veinticinco minutos ida y vuelta, buenas
sensaciones y ausencia de dolor. Por la tarde sí que se resintieron un poco los
tobillos, pero nada insoportable.
El martes bajaré a la clínica, ilusionado con dar
un paso más, según me dijo en la última visita, quitaré el bloqueo a la bota y
comenzaré la rehabilitación. Había pensado en bajar en transporte público y ver
qué tal es la combinación bus+metro, pero al final creo que iré con Jony en
coche, así aprovecharé para preguntar al médico si podría bajar yo solo tirando
de muletas o sería mejor no forzar tanto, de momento.
Esta última semana me ha dado mucha libertad de
movimiento, en casa voy sin muletas, y ya no tengo pereza para salir a dar un
paseo o ir a comprar. Las muletas son lentas pero seguras, así que pasito a
pasito llego a mi destino.
La silla de ruedas ha quedado aparcada, aunque de
momento la dejo a mano, por si acaso. Parecen lejanos los días de rodar sobre
ella, y no hace tanto, es sorprendente cómo nos adaptamos a cada nueva
situación, cuando ya me manejaba fenomenal con la silla, sin cansarme y
maniobrando como si llevara meses con ella, paso a las muletas y ya casi ni me
acuerdo de la etapa anterior. Y sólo hace un par de semanas. La última vez que
me senté en ella, para ir de compras con más comodidad, me sentí extraño, como
si ya no la necesitara, así que al garaje.



No hay comentarios:
Publicar un comentario
Puedes dejar tu comentario, gracias.