domingo, 1 de noviembre de 2015

Sábado 31 de octubre. Patones. Grajo Free.

Sábado 31 de octubre. Patones. Grajo Free.

Había quedado para ir a Patones, aun siendo sábado, con Sevi y Danielo sabía que evitaríamos las aglomeraciones, así que para el sector Grajo Free, sé que no me menearía mucho pero con estos dos figuras salvaría la mañana. Había quedado, además, con Susana, así que echaríamos el rato buenamente.

Calentando, aparece Pablo Velasco, así que vamos cambiando de vías y empezando a sudar, el sector se va animando, y pronto empieza a haber cordadas por todos sitios.

Susana se tenía que marchar pronto, me bajo a la parte dura y veo que éstos están dándole a Canguingos y Patas de Pez, larga y dura (7a), Pablo está en lo más alto a punto de superar el paso, pero no lo consigue y vuela unos metros, el desplome es tal que queda muy separado de la pared y no puede remontar, así que le bajan y lo volverá a intentar.

Me ofrezco a asegurarle, así Dani y Sevi pueden escalar en otras vías, pero como Pablo acaba de bajar y quiere descansar un poco antes de volver a intentarlo aprovecho y subo yo, unos metros, pues esa vía está totalmente fuera de mis posibilidades, así que me ato y para arriba.

Voy haciendo los primeros metros y me doy cuenta de que es de esa roca anaranjada, suave y babosa que tan poco me gusta, pero bueno, el comienzo es fácil, aunque algo escalonado. Al superar la tercera chapa veo que hay un desplome interesante, las marcas de magnesio parecen indicar el camino y hago un primer intento. Veo la secuencia, pero la siguiente chapa queda por encima del desplome y hay que darse el paso sí o sí, aún teniendo la cinta puesta. Pablo me flashea los movimientos, pero el agarre de la mano derecha no me da toda la seguridad que me gustaría. Reculo y me lo pienso, total, hasta aquí ya está bien, pienso en bajarme, sólo tendría que destrepar un par de pasos fáciles y para abajo, pero no, decido darle otro pegue y allá voy, subo pies, cojo la mano derecha, saco la izquierda a la que parece buena y está llena de magnesio, pero no, hago el movimiento con poca fe y no la cojo bien, no era tan buena como creía (Pablo luego me dice que tendría que haberla cogido de frente) y el pie izquierdo resbala al perder la mano y me voy abajo. No era consciente de lo lejos que estaba la chapa anterior, la caída parece limpia pero, de repente, me veo clavado en una repisa que había unos metros más abajo, me coge totalmente por sorpresa, no me lo esperaba, y un dolor intenso estalla en ambos pies. Pablo me pregunta si estoy bien, le digo que me baje, me he hecho daño. Según me va bajando, al acercarme al suelo me doy la vuelta, no quiero apoyar, el dolor es punzante, pienso, bastante alarmado, que me he partido los dos tobillos, el impacto ha sido grande, calculo que unos 4-5 metros.

El dolor casi ha desaparecido, me quedo sentado, los tobillos no tienen mal aspecto, pero me arde un poco la parte posterior de ambas piernas, justo debajo de los gemelos, me miro, todo parece normal, excepto ambos tendones de aquiles, están laxos y eso me da mal rollete. Le digo a Pablo que no puedo andar y de inmediato llama a los bomberos, que no tardan en aparecer. Mientras, vamos llamando al teléfono de partes de accidente de la Fede, pues esto no pinta muy bien.

Me pregunto que para qué me he metido en esa vía, esta caída parece seria, que seguro que me he hecho algo, por otra parte me miro y quiero ver que no, que a lo mejor es el golpe… Inmediatamente me rehago, digo, bueno, estoy aquí abajo, hay que pensar en lo que viene, no en lo que pasó. Así que, aprovechando que no hay dolor, me quedo allí tumbado, hablando con algunos compañeros que vienen a interesarse y a ofrecerme alguna manta y ánimos.

En media hora llega el helicóptero, y unos minutos más tarde aparecen cinco bomberos corriendo, me localizan y ven las opciones de evacuación, donde estamos, el helicóptero no puede bajar, así que me inmovilizan ambas piernas y me suben en camilla unos metros a una pequeña plataforma hasta donde se acerca el aparato con el cable desplegado. Se coloca sobre la camilla, a unos metros, y un bombero se ancla y juntos subimos a la vez que se va separando de la pared y recogiendo el cable. Cruzamos el cañón y se posa sobre un cerro. El operador de grúa y el bombero meten la camilla dentro y nos elevamos de nuevo. Hay buen ambiente, bromas, yo, como voy sin dolor, estiro el pescuezo todo lo que puedo, es mi primer vuelo en helicóptero y voy a disfrutarlo, aunque me hubiera gustado hacerlo en otras condiciones.

La verdad que el rescate se hace a buen ritmo, deprisa pero no a lo loco, me dan una gran sensación de seguridad y a la vez con amabilidad y buen humor. Al encontrarme yo bien y animado es todo más fácil. Estoy muy agradecido a estos profesionales, pues en un momento me sacaron de allí de la mejor manera.

Llegamos a El Molar, allí nos esperan varias personas con una camilla. En cuanto nos posamos en tierra, me bajan, me cambian de camilla y me pasan al Centro de Salud.

Les tranquilizo y les digo que voy bien, que no me duele y me dicen que me van a hacer unas radiografías para ver si me he roto algún hueso. Las radiografías indican que no tengo nada roto (óseo), pero que puede que tenga dañados los tendones de aquiles, así que me mandan al hospital de Sanse para que me vea un traumatólogo. Me dan el informe y las radiografías en un CD, me suben a una camilla y de viaje a Sanse, donde comienza una de las tardes más surrealistas que haya tenido jamás.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Puedes dejar tu comentario, gracias.